El trastorno crónico conocido como diabetes mellitus afecta el metabolismo al impedir que el organismo produzca o utilice adecuadamente la insulina, hormona esencial para regular el nivel de glucosa en la sangre.
Esta condición no es contagiosa, pero tiene un impacto significativo en la salud cuando no se controla correctamente.
En la diabetes tipo 1, el sistema inmunológico ataca y destruye las células beta ubicadas en el páncreas, encargadas de sintetizar la insulina necesaria para procesar los carbohidratos de los alimentos ingeridos.
La ausencia de estas células provoca la aparición de esta forma específica de la enfermedad, que requiere tratamiento con insulina externa.
La mayoría de los casos, aproximadamente un 85%, corresponden a la diabetes tipo 2, la cual se relaciona directamente con la obesidad y se caracteriza por la incapacidad del cuerpo para utilizar eficazmente la insulina producida, causando un desequilibrio metabólico que afecta múltiples órganos y funciones.
Comprender estos mecanismos es clave para el diagnóstico y manejo efectivo de la diabetes mellitus, que demanda atención médica continua y cambios en el estilo de vida para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente.
Si al inicio este tipo de diabetes se puede mantener bajo control solo con la dieta, con el tiempo, los pacientes cambian a la terapia con insulina. En ausencia de tratamiento, las complicaciones graves se alcanzan rápidamente.

Las principales complicaciones
La hiperglucemia ocurre cuando el cuerpo no tiene suficiente insulina o cuando el cuerpo no puede usar la insulina adecuadamente.
Los síntomas principales son: un aumento del nivel de glucosa en la sangre o la orina, sed excesiva y micción frecuente.
Si no se trata adecuadamente, la hiperglucemia puede causar coma diabético, también llamado cetoacidosis.
La cetoacidosis es una afección muy peligrosa que requiere tratamiento de emergencia en el hospital.
La retinopatía diabética es otra complicación de la diabetes mellitus, que afecta los ojos y es causada por el daño a los vasos sanguíneos de la retina.
Los principales síntomas son: visión borrosa, fluctuaciones en la calidad de la visión y la aparición de puntos en el campo de visión.
Como regla general, la retinopatía es rara en los primeros años después del inicio de la diabetes mellitus tipo 1.
En el caso de la diabetes tipo 2, sin embargo, esta complicación ya puede estar instalada al diagnosticar la diabetes.
El daño ocular en la diabetes mellitus tiene una evolución lenta y progresiva, desde la etapa inicial, que es asintomática, hasta la pérdida total e irreversible de la visión.
El único medio para frenar esta evolución es el control adecuado de la enfermedad, manteniendo continuamente los valores de glucosa en sangre dentro de los límites normales, pero también examinando periódicamente el fondo de ojo, que puede detectar posibles lesiones oculares.
La nefropatía diabética es una enfermedad renal crónica y progresiva que ocurre en aproximadamente un tercio de los pacientes con diabetes mellitus, por lo que es esencial detectarla y tratarla a tiempo.
La nefropatía diabética con mayor frecuencia causa insuficiencia renal crónica, lo que trae consigo diálisis y, en última instancia, trasplante de riñón.
Mantener la glucosa en sangre a un nivel seguro ralentiza la progresión de la nefropatía.
La neuropatía diabética es una complicación crónica de la diabetes mellitus.
En Rumania, el 65% de las personas con diabetes tienen neuropatía diabética.
Como regla general, la neuropatía diabética se manifiesta en las extremidades inferiores, dañando las fibras nerviosas hasta el punto en que el paciente pierde su sensibilidad periférica.
Si ciertas heridas o infecciones localizadas en las extremidades inferiores no se diagnostican a tiempo, aumenta el riesgo de ulceración y amputaciones.
Debemos tener en cuenta que la neuropatía diabética no se trata, y el tratamiento tiene como objetivo frenar el progreso de la enfermedad, aliviar los síntomas y reducir el riesgo de pie diabético.
